LA EXPERIENCIA DE LA ARQUITECTURA.
La experiencia de la arquitectura nos permite identificar un lugar, un espacio, una función y una materialidad y estructura. Empezando por el lugar, las características arquitectónicas nos permiten identificarlo. A este conjunto de elementos que nos ayudan a identificar la ubicación, lo denominamos Genius Loci. Dentro de este apartado podemos encontrar una relación de contraste, de camuflaje, orgánica o contextual. Hablamos de contraste cuando un edificio no tiene relación con el lugar; de camuflaje cuando no se distingue dónde empieza el edificio porque este se funde con el paisaje, pasando desapercibido; de organicismo cuando no se mimetiza en el lugar, demostrando sensibilidad hacia él; o de contextualismo, justificando el proyecto, poniendo un contexto.

El espacio tiene distintas definiciones según los arquitectos, pero generalmente lo clasificamos en tres tipos: el clásico, el uniforme y el contemporáneo. El espacio clásico es cerrado y compacto, que hereda características del espacio clásico y utiliza al menos un eje de simetría. El espacio uniforme, que trata espacios racionales (pensados). Y, por último, el espacio contemporáneo, el cual nace del concepto de sección libre que consiste en acabar con la tiranía del plano horizontal, deformándolo, retorciéndolo…

El concepto de función siempre ha existido y ha causado debate entre este y la forma. Encontramos tres clases: el mecanicista, el orgánico y el moralista. El mecanicista, en el que la forma es consecuencia directa y mecánica de las funciones a las que está ligada. El funcionalismo orgánico, que se centra en cómo se organizan las actividades que se realizan en el lugar. Y el moralista, en la cual la belleza y la utilidad se aproximan tanto que llegan a confundirse.

La materialidad y la estructura, las cuales nos llevan a un círculo rotativo de meteriales, forma y tecnología constructiva en el cual todo afecta a todo. Centrándonos en los materiales, antes se construía en piedra. Con el tiempo abundaba la madera, lo cual hizo que se generalizaran las construcciones con madera y afectó a la tecnología. Seguidamente, abundaba la tierra, generalizando las construcciones de tierra y haciendo una tecnología más primitiva. Por último, los materiales evolucionaron; ya no cogíamos la madera directa, el adobe se convirtió en ladrillo, apareció el metal y el hormigón, el cual nos permite hacer construcciones tanto pesadas como ligeras, y se innovó con los cristales. La tecnología también evolucionó debido al cambio en la forma de pensar y proyectar. Las nuevas aplicaciones como el BIM o el CAD nos permiten diseñar edificios que anteriormente era imposible diseñar debido a que esto debía realizarse a mano. Además, surge la prefabricación que cambia la manera de construir y acelera la construcción y, junto con esto, aparece la impresión en 3D, la cual nos permite crear algunas formas nuevas.

Respecto a la forma, esta se compone de reglas compositivas, el ritmo, la axialidad, la simetría, la jerarquía, el módulo, la mall, el movimiento, la unidad, la centralidad, el equilibrio, el límite, la luz, el contraste, el color, la textura, la proporción y la escala. El ritmo en el que, mediante los elementos, marca una velocidad. El eje que marca una dirección uniendo los elementos más importantes. La simetría, la que existe, probablemente sí tenga un eje y disponga de manera regular las partes o puntos de un cuerpo. La jerarquía que marca cuál es el edificio más importante mediante la forma (una forma diferente), el tamaño (haciéndolo más grande) o el lugar (aislándolo). El módulo definido como elemento sobre el que se basa la construcción suele ser el cuerpo humano, ya que todo está relacionado con su altura y sus dimensiones. La malla o retícula, que es el conjunto de ejes con los cuales nos guiamos. El movimiento que nos da sensación de movimiento, pero verdaderamente es rígido, ya que es un edificio. La unidad que relaciona las partes con el todo, cuando las juntamos, es tan perfecta que no se nos ocurre separarlas. La centralidad que se basa en la organización del espacio alrededor de un centro que crea atracción. El equilibrio que puede ser dinámico o estático, el dinámico en el que el edificio está en equilibrio y el estático, el cual tiene cierta simetría. El límite, que es el borde que marca de un dentro a un fuera, de un plano a otro. La luz con la que se juega y se puede utilizar como objetivo de proyectos. El contraste que crea contraste con los edificios de los lados. El color que manifiesta de manera cromática los elementos a usar. La textura que crea un acabado superficial de los elementos. La proporción que relaciona de manera armónica las dimensiones. Y, por último, la escala que relaciona el tamaño del edificio con el ser humano medio.
