Como buena valenciana, siempre me han llamado mucho la atención las fallas. Considero que son grandes monumentos, los cuales tienen un fondo arquitectónico. Estos buscan el límite del equilibrio y además usan materiales que colaboren en su finalidad, la cremà. También tienen una cierta resistencia para estar al aire libre y aguantar tanto el viento como la lluvia sin ser cubiertos y sin ser de materiales los cuales conocemos como resistentes.

Para cumplir sus finalidades, las fallas se componen de materiales como cartón, madera, papel, telas o poliestireno expandido debido a su combustión. La estructura es construida con madera, mientras que los ninots se construyen a partir de moldes, llenándolos de pasta de papel o a partir de materiales como el porespan, la resina o la fibra de vidrio. Estos materiales ayudan a aligerar el peso de los ninots, permitiendo así al artista fallero hacer fallas más altas con formas y figuras más arriesgadas. Además son capaces de resistir días de exposición para finalmente ser quemados.

Con esto podemos ver la gran importancia de los materiales y todo lo que estos nos permiten. Los materiales vistos permiten a la falla que cumpla con sus finalidades: equilibrio, resistencia y combustión; equilibrio entre los ninots formando figuras complejas pero con estabilidad, llegando a soportar ráfagas de vientos; resistencia ante la exposición de lluvia, sol o, como hemos dicho anteriormente, vientos; y combustión para facilitar así su última misión, la cremà.