Cuando era pequeña e iba a pasear por la playa, siempre me sorprendían esas esculturas de arena que podían llegar a ser desde un sofá con personajes conocidos hasta un enorme castillo. Siempre me pregunté cómo era posible hacer tan sólido algo como la arena y cómo se podía requerir de tanta técnica y precisión. Un día me pudo tanto la intriga que me quedé observando paso a paso cómo se llegaba a construir aquellas obras.

Primeramente, se necesita mucha agua; esta se echa en la arena como una especie de volcán, ayudándonos a compactar la arena con las manos. Seguidamente se ayudan con maderas para el interior de la obra y se va subiendo poco a poco hasta llegar a la altura deseada. Una vez ya se tiene el volumen inicial, se esculpe con materiales distintos: espátulas para cortes o maderas finas para escabar líneas. Un dato que me pareció realmente curioso fue que se empezaba a esculpir de arriba a abajo, aunque realmente tiene sentido debido a la arena que puede desprenderse. Una vez finalizado, toca mantenerlo y para ello se utiliza una disolución de agua con un pegamento blanco que utilizan los carpinteros como sellador.
Esto me hace reflexionar sobre cómo con materiales tan simples como el agua y la arena se pueden construir obras tan complejas y tan detalladas.
